A.R. Psiquiatra del PAIME Cafeína en el desayuno. El primer cigarrillo del día; más de veinte cigarrillos al día y más de veinte millones de fumadores en España. Dos copas de vino tinto en la comida que, para eso vivimos en el mayor viñedo del mundo: desde el espacio, los astronautas distinguen una mancha en el centro de España: las viñas de Castilla-La Mancha. Solo una cerveza al salir del trabajo y, tal vez, una coca-cola (más cafeína) mientras doy la merienda al niño (pan con chocolate, ¡toma cafeína!) si no me ataca la cefalea pertinaz. Si ocurre, me atizo un analgésico con codeína (opiáceo suave) y a la hora de dormir, el loracepam que me mandó la doctora.
“Las formas perjudiciales de consumo son a menudo criticadas por terceros y suelen dar lugar a consecuencias sociales adversas de varios tipos”.
Se trata de una forma de consumo que está afectando ya a la salud física o mental, como por ejemplo los episodios de trastornos depresivos secundarios al consumo excesivo de alcohol ” [CIE-10]
El lunes tengo guardia de veinticuatro horas, pero como es viernes no tengo que pensar en ello hasta el domingo por la tarde, momento en que, derrengado en la cama, me voy a recuperar del fin de semana que me voy a dar si el plan previsto se cumple: viernes noche y todo el sábado, hasta el domingo por la mañana, sin parar. Necesito limpiarme de de toda la porquería que me ensucia diariamente en este Hospital de m...
-Eres un inmaduro -dice mi compañera de trabajo y amiga desde la Facultad- no quieres ver que eres tú y no el ambiente de trabajo, el que está mal.
Síndrome de dependencia de alcohol. Con consumo continuo F10.25 [CIE-10]
El Médico Enfermo (2) A.R. Psiquiatra del PAIME
“La conciencia subjetiva de la compulsión al consumo suele presentarse cuando se intenta frenar o controlar el consumo de la sustancia” [CIE-10] El quinto güisqui de la noche me produce la laxitud necesaria para descansar -porfin- mi rígido cuerpo a lo largo y ancho del sofá. El estado melancólico de mi mente, preso a convertirse en vergüenza y culpabilidad no es óbica para conseguir esta sensación de casi flotar en el amplio salón desierto de mi casa: llegué al nirvana. Todos duermen, o tal vez, todos están a la expectativa de hacia dónde derivará esta situación que habitualmente finaliza con caídas por el pasillo y vómitos en el cuarto de baño -cuando llego a él- y el despertar -si es que dormía- asustado y paciente de mi mujer que ya no me hace reproches, me ayuda a llegar hasta la cama después de lavarme la cara y cambiarme el pijama sin decir más palabras que ¡Ay Dios mío! una y veinte veces que percibo como punzantes insultos; hasta ahí llega mi arrogancia, que aún obnubilado, casi anestesiado, no logro domeñar, y tras la aparente lejanía de la intoxicación, nunca logro aceptar la más mínima reprobación.
Cuando entra a la consulta la anciana que arrastra la pierna derecha y una expresión doliente crónica, no puedo dejar de pensar en mi propio padecimiento, aunque en ese momento me encuentre aliviado y desempeñe tranquilo mi trabajo. Sin poderlo remediar me tiemblan las piernas, me queman los pies y el ligero temblor de las manos se dispara. Paso por ser nervioso y camuflo con el nerviosismo todo síntoma de excitación que me causa la falta de alcohol. Hasta la comida no empiezo a beber, y hasta la noche: vino, cervezas, cubalibres, chupitos… me acompañan desde hace más de veinte años. Controlo la bebida y controlo los efectos secundarios, aún la neuropatía y el estado de mi hígado que a pesar de las analíticas adversas no evoluciona mal. Puedo mantener esta situación sin mayores problemas. Ni me emborracho ni pierdo nunca los papeles. No soy un alcohólico. No soy un enfermo. Soy médico y sé lo que me traigo entre manos.