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Paime
Rincón literario
R2 en riesgo F1X.1 Consumo perjudicial
R2 en riesgo F1X.1 Consumo perjudicial
El Médico Enfermo (3) A.R. Psiquiatra del PAIME
“Las formas perjudiciales de consumo son a menudo criticadas por terceros y suelen dar lugar a consecuencias sociales adversas de varios tipos”.
Se trata de una forma de consumo que está afectando ya a la salud física o mental, como por ejemplo los episodios de trastornos depresivos secundarios al consumo excesivo de alcohol ” [CIE-10]
El lunes tengo guardia de veinticuatro horas, pero como es viernes no tengo que pensar en ello hasta el domingo por la tarde, momento en que, derrengado en la cama, me voy a recuperar del fin de semana que me voy a dar si el plan previsto se cumple: viernes noche y todo el sábado, hasta el domingo por la mañana, sin parar. Necesito limpiarme de de toda la porquería que me ensucia diariamente en este Hospital de m...
-Eres un inmaduro -dice mi compañera de trabajo y amiga desde la Facultad- no quieres ver que eres tú y no el ambiente de trabajo, el que está mal.
Es muy buena amiga y buen médico mas una repremida que siempre ha sido buenecita y bien mandada. Le da igual que el adjunto la chulee, y qué decir si tiene un jefe de sección: se desvive por mostrarse sumisa y agradecida, y se enfrenta ella solita a lo que apenas sabe y que si el mamón le facilitase se resolvería mejor. No soporto que nos dejen solos frente a casos difíciles y que encima lo consideren pedagógico aunque metamos la pata.
-Son tus propios problemas de personalidad y familiares, sobre todo tus problemas de relación con los demás, que te condicionan para no estar a gusto en ningún sitio, ni en el trabajo ni en la calle, ni de día ni de noche. Tú mismo reconoces que cuando recorres los bares de copas vas como desesperado buscando que alguien te saque del bebercompulsivo hasta que ya no puedes más. Ese es tu problema y no lo que pasa en este Hospital. Aquí hay lo mismo que en cualquier otro.
No puedo negar que tiene parte de razón, aunque delante de ella no me resista a aceptar lo que dice. Basta que me mire a los ojos un lunes cualquiera para adivinar el destrozo que me invade después del atracón de alcohol y porros. El día que le dije que había tomado cocaína, se mostró firme y expeditiva.
-Ya ves en Urgencias lo que hay: ataques de pánico, delirios paranoides, psicosis, problemas cardiovasculares... Sigue, sigue... con el alcohol y el hachís completarás una buena carrera de toxicómano.
Ella sabe que solo consumo en fin de semana o cuando tengo, al menos, dos días libres, como cualquier persona de mi edad.
-Descontando que no todos los jóvenes lo hacen, a ti es que no te sienta bien, bonito; me dijo con cierta condescendencia- la de quien ha debatido el asunto en otras ocasiones-; tú ya llevas mucho tiempo desfasando y ya muestras síntomas de abuso; léete, léete el DSM-IV y aplícate los criterios diagnósticos, descubrirás que, posiblemente, tengas que aplicarte el calificativo de enfermo.
Lo que me faltaba: inmaduro, problemas laborales, problemas familiares, problemas de relación con los demás... y enfermo mental. A esta chica le sobra ojo clínico. ¡Ah! ¡Lo que hay que oir!
No obstante, ¿qué hago yo, ahora, acicalándome con primor, rociándome con colonia cara y estrenando camiseta de Tommy Hilfiger, para quedar con otros dos presumidos y narcisistas como yo y salir a quemarnos en horas y horas de diversión compulsiva que me arrastra el domingo por la tarde a la cama, deprimido y dolorido, frustrado y confundido por no saber ni qué o quién soy?








