Área Colegiados
Paime
Rincón literario
Un cuento del centro de salud
Un cuento del centro de salud
El Médico Enfermo (1) A.R. Psiquiatra del PAIME
Día 15 de marzo
Cuando entra a la consulta la anciana que arrastra la pierna derecha y una expresión doliente crónica, no puedo dejar de pensar en mi propio padecimiento, aunque en ese momento me encuentre aliviado y desempeñe tranquilo mi trabajo. Sin poderlo remediar me tiemblan las piernas, me queman los pies y el ligero temblor de las manos se dispara. Paso por ser nervioso y camuflo con el nerviosismo todo síntoma de excitación que me causa la falta de alcohol. Hasta la comida no empiezo a beber, y hasta la noche: vino, cervezas, cubalibres, chupitos… me acompañan desde hace más de veinte años. Controlo la bebida y controlo los efectos secundarios, aún la neuropatía y el estado de mi hígado que a pesar de las analíticas adversas no evoluciona mal. Puedo mantener esta situación sin mayores problemas. Ni me emborracho ni pierdo nunca los papeles. No soy un alcohólico. No soy un enfermo. Soy médico y sé lo que me traigo entre manos.
Día 16 de junio
Una expresión aterrada añade a la habitual doliente un aspecto de espanto que recuerda a las gárgolas de una catedral.
-¿Ya está usted bien?, Me ha dicho la enfermera que ha estado tres semanas de baja. ¡Qué susto me he llevado! Si no me ve usted no quiero que me vea otro médico.
La vieja artrósica nunca había hablado tanto. Del fondo de sus ojos parece fluir una luz de comprensión que me emociona, mas rápidamente me pongo en guardia. De un recoveco de mi mente ha surgido la idea de confesarle que yo también soy un enfermo que reacciona de la misma forma asustada que ella lo hace. Dudo un instante. La sonrisa me sale como una mueca. Le pregunto por el cambio de medicación y la pobre mujer no vuelve a abrir la boca tras decir que se encuentra igual.
La emoción me ha repercutido en el estómago, siento náuseas y el dolorcillo sordo que me hace inclinarme sobre la mesa; todo ello instala en mi mente el único deseo de un gran trago de cerveza fría.
Día 17 de septiembre
Nuevamente de baja laboral. Me acerco al Centro de Salud para recoger alguna pertenencia antes de mi ingreso mañana mismo en la Clínica de Barcelona que el Colegio de Médicos me ha ofrecido a petición de mi mujer para iniciar la desintoxicación alcohólica.
En quince días estaré como nuevo. No soy un alcohólico autodestructivo. Soy un buen médico, apreciado por mis pacientes y por mis compañeros. Demostraré a mi mujer que está equivocada aunque ahora me vea con muletas y ofrezca una pobre imagen. He apañado un vendaje en el tobillo par que parezca un esguince, un mal paso, no hay que dar más explicaciones.
¡Doctor! ¿Qué le pasa a usted?
La voz que nunca pasaba del susurro se levanta clara y fuerte, y los ojos, llenos de compasión, de la mujer enferma, me miran con firmeza.
Vuelva pronto, doctor. Yo le espero. No quiero que me vea otro médico.
No puedo hablar, no puedo sonreírla, me emocionan sobremanera las palabras de la paciente. Me alejo arrastrando las piernas, avergonzado por no poder aceptar que soy un enfermo crónico como ella y pretender ocultar a los demás y a mí mismo que tengo necesidad de ayuda.
PAIME: 949 22 30 17
“No soy un alcohólico. No soy un enfermo. Soy médico y sé lo que me traigo entre manos”








