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Mi hijo no vale para estudiar

Autor: JUAN URBINA TORIJA ()

Estos pueden ser algunos de los comentarios de los padres de niñas y niños enfermos del  trastorno neuropsiquiátrico más  común en la infancia y adolescencia, que llamamos;

TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION E HIPERACTIVIDAD (TDAH).

 juan r. urbina

                La falta de atención, la impulsividad y la hiperactividad, si se mantiene en el tiempo más de 6 meses, llegan a dificultar la relación con los demás y con el medio donde viven,  de tal manera que disminuye su capacidad de aprendizaje, hasta el punto que les lleva al retraso y abandono escolar, y aparecen conflictos de relación con sus compañeros, amigos y sobre todo familiares.

                La presencia de esta enfermedad sigue aumentando entre nuestros jóvenes con un 5% de afectados entre los 6 y los 17 años en España y un 9.5% en USA. Esto nos debe hacer pensar si está ocurriendo algo que facilita su aparición o en todo caso estamos enjuiciando mal la conducta no adaptativa o no coherente de nuestros jóvenes en relación al desarrollo madurativo correspondiente a su edad.

                No conocemos la causa de este trastorno, pero existe una intensa actividad investigadora por la que sabemos que existe una predisposición genética y unos ambientes favorecedores, como las familias disfuncionales.

                Quizás lo más importante es pensar en los síntomas de este trastorno cuando afrontamos una conducta de inquietud y agresividad de nuestros hijos que se mantiene en el tiempo injustificadamente.

SÍNTOMAS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN:

No presta atención a detalles de las situaciones.

No es capaz de mantener la atención durante  toda una actividad.

Parece no escuchar cuando se le habla.

No sigue instrucciones para realizar una tarea.

No tiene capacidad de organizar sus horarios y actividades.

Evita las tareas que exigen esfuerzo y concentración mental

Pierde objetos importantes para su trabajo frecuentemente.

Se distrae fácilmente por cosas irrelevantes.

Descuidado en las actividades diarias.

SÍNTOMAS DE HIPERACTIVIDAD:

Mueve en exceso pies y manos incluso estando sentado.

Se levanta del asiento frecuentemente.

Corre y salta cuando no debería.

Habla alto y hace ruidos cuando no debe.

Habla excesivamente sin dar respuestas.

Actúa como si estuviera movido por un motor.

IMPULSIVIDAD:

Se precipita en las respuestas.

No es capaz de guardar turno.

Interrumpe y se entromete en juegos y conversaciones.

                El diagnóstico se confirma por los síntomas percibidos por profesores, monitores, amigos y sobre todo familia. Los médicos de familia y pediatras corroboramos la existencia de la enfermedad e iniciamos el tratamiento con el apoyo en psicólogos y profesores. Un tratamiento a tiempo evita abandono escolar y conductas antisociales, a veces irrecuperables.

                El entorno familiar es fundamental en el manejo de horarios de actividades tanto escolares como extraescolares (especialmente deportes), en el refuerzo y apoyo para la dedicación de tiempo al aprendizaje, y en la obtención de recompensa que le permita al niño seguir enganchado a su autocontrol. La psicoterapia y el seguimiento por médico de familia y pediatra se mantienen en el tiempo hasta conseguir la desaparición de los síntomas y mejorar la autoestima y su capacidad de socialización.

                En la mayoría de los casos es necesario el uso de medicamentos, bien por la exigencia escolar, bien por la aparición de síntomas como agresividad o conductas de oposición desafiante a padres y profesores.

                Tenemos fármacos estimulantes que resuelven la concentración (metilfenidato, lisdexanfetamina) pero tienen efectos adversos como el insomnio o la pérdida de  apetito que hay que evitar con los consejos de su médico.  Fármacos antidepresivos (atomoxetina) que mejoran la autoestima  y la concentración y medicamentos relajantes que  a veces son necesarios en situaciones de crisis.

                Aunque hay casos graves que es necesario tratar por psiquiatras y psicólogos especializados, la mayoría de los niños mejoran antes de los 17 años o en todo caso con la edad  y el paso del tiempo desempeñando una vida con más y mejores relaciones sociales.

                Existen muchas asociaciones de apoyo a padres y a niños que refuerzan muy positivamente el tratamiento y la evolución de  su enfermedad, a través de reuniones, juegos, campamentos y otras actividades.(www.tdahytu.es, www.anshda.org) .

 

 

 

   
   

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